En el Valle de Elah David venció a Goliath hace unos 3000 años. Y de nuevo nuestra historia es un ciclo sin final que se repite, de hombres cometiendo los mismos errores mientras se enarbolan diferentes banderas, ideales que se sienten como propios a pesar de que en su esencia siguen siendo los mismos.El deber, la responsabilidad, el sentido de obligación de defender los intereses de la patria son valores que se transmiten por sangre. Y hay sociedades en las que esos sentimientos están profundamente arraigados embebidos en la propia cultura, en los detalles sorbidos desde el nacimiento.
Estados Unidos se nos muestra siempre como el modelo de patriotismo por antonomasia. Es fácil pensar que sus jóvenes crecen rodeados por un ambiente que facilita el entusiasmo bélico, el amor incondicional para los valores que representa su sociedad en el mundo.
Sin embargo, la lucha de David contra Goliath no está exenta de consecuencias. Miles de jóvenes son enviados a tierras lejanas para defender la integridad de un imperio que quiere extender sus dominios en pos de la defensa a la opresión de (algunos) pueblos. Pueden vencer los que no regresan en féretros, no obstante incluso aquellos que regresan parecen deambular en un limbo sin pertenecer a ninguna parte.
Toda batalla tiene consecuencias incluso para los triunfadores.
Desgarradora narración de la brusca caída de cimientos de una familia que ven desaparecer a su hijo en la Guerra de Irak. De un padre que ve desmoronarse lentamente su noción de patriotismo al desconocer el paradero de su hijo que parecía un superviviente de la contienda. De unos jóvenes que perdieron la capacidad de raciocinio absorbidos por la adrenalina y una absurda disposición a la lealtad que evita complicaciones.
Sutil, brillante en interpretaciones, dejando el corazón en un puño por todos aquellos que pierden vidas queridas sin un claro sentido
AÑO: 2007
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