Esta fue en Madrid, en aquel verano en el que justo empezamos a lanzar la moneda al aire. Una huída hacia adelante, un viento que vino del norte y la puerta abierta de un hermano que nos dejó sonrisas, recuerdos y alguna que otra borrachera. Y la ventana, que dejaba al alcance de la mano tantas azoteas de la ciudad que en cierta forma también nos vió nacer.
Y con ella, Marnie, la mujer vencida por su propia historia. Y es que somos lo que hemos vivido, desde el origen de nuestros días, impregnándose en nosotros la huella de lo que ven nuestros ojos vacíos de toda maldad. Miedos que se transmiten al ser que vamos formando, que se exhiben luego en el hacer de cada día y que no son más que espejos de lo que vimos en aquellos que forjaron nuestro carácter. Buenos o malos a veces, aunque nada justifique la acción, existe, en el fondo de todo suceso, un motivo silente en ocasiones indomesticable, espontáneo como el que rie o llora.
Más no siempre hay un pájaro dispuesto a batir las alas con la fe en descubrir, bajo tanta deshonradez, un corazón falto de cobijo.
DIRECTOR:Alfred Hitchcock
AÑO: 1864
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