La palabra terminó usándose como credencial de las bandas criminales japonesas, llegando a simbolizar actualmente a la mafia organizada en Japón. Con la herencia de la estructura samurai y sus códigos internos, los yakuza se organizan en clanes cuyos cimientos se basan en la fidelidad incondicional y la sumisión absoluta. La desobediencia o polémica sobre el código de honor se castiga con métodos brutales como la amputación del dedo meñique. Incluso hoy en día sirve para reconocer a yakuzas traidores o retirados.
Kitano logra adentrarse de nuevo en una atmosfera extravagante e insólita mezclando la seriedad con el sarcasmo. La brutalidad de su retrato del crimen organizado se dinamita con la irónica desproporción de los actos que refleja. Personificado el héroe de la historia en un joven perdedor que se refugia en una monotonía de trabajo en una gasolinera y juego en un equipo local de beisbol, Takeshi nos impulsa a debatirnos entre lo onírico y lo real desde la visión de los acontecimientos que personifica en el protagonista. Dueño de una calma insólita, transmitiendo siempre un semblante pasmado, se convertirá en el líder de la venganza por el honor ultrajado, llegando a emular el desenlace más heroico en una exaltación de fuego y llamaradas que contrasta con la oscuridad protectora que al comienzo nos lo presentaba.
DIRECTOR: Takeshi Kitano
AÑO: 1990
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