domingo, 26 de octubre de 2008

QUEMAR DESPUÉS DE LEER (Burn After Reading)

Acostumbrada a unos meses de silencio cinéfilo actual, y a tumbarme tranquilamente frente a la pantalla doméstica con posibilidad de escoger idiomas y subtítulos, me resulta chocante escuchar de nuevo los doblajes y voces que se traducen al castellano. Algo me falta, quizás sea la entonación, la pasión real en la voz que acompaña al acto, la sintonía con la expresión a la que ahora mi mente ya se ha -fatalmente, por lo que veo- habituado.

Pero hay que manejarse con las piezas que tenemos al alcance, y a falta de grandes salas y de un público que busque lo original más allá de las dificultades idiomáticas, nos tendremos que conformar con las voces que a menudo nos confunden pensando en qué lugar habremos escuchado la misma expresión, o con qué otro rostro la hemos asociado.

Sello indicutible del humor -este sí- irónico y sutil sobre una sociedad cuyas acciones a menudo rebasan toda lógica. En una actualidad que desprende por todos los poros la sensación de ser engañados o manipulados por agencias secretas o cámaras ocultas, los hermanos nos proporcionan de nuevo un material a través del cuál reirnos de nosotros mismos y de nuestro deambular paranoico por la vida.

Toda convicción reside en una base que presupone la posibilidad de desviarse del camino marcado. La infidelidad se percibe bajo otro prisma si es uno quién la realiza, y bajo otro cuando se es receptor de la misma. No es igual la sospecha de ser víctima de un engaño que la constatación práctica de ser engañado. No es lo mismo el deseo que la culminación del mismo. No entraña las mismas consecuencias el imaginarse agente de una corporación secreta que tratar de formar parte de la misma.

Personajes tan simples y carentes de complejidades como los que podemos cruzarnos en el rellano de la escalera. Quien masca chicle, quien ealiza ejercicios matinales aeróbicos para matar el tiempo tras una jubilación forzosa, quien busca un compañero entre las páginas de contactos sabiendo que la facilidad del primer paso estará dada, quien se refugia en el placer momentáneo y fácil del sexo para evitar pensar en una realidad que quizás sea más agradable que el éxtasis incorpóreo tan fugaz como intenso.

Personajes cuyas vidas se cruzan sin saberlo, y es que la casualidad se viste de rutina y lo más frecuente es que sigamos andando sin percatarnos de ella.

DIRECTOR: Ethan Coen, Joel Coen
AÑO:2008

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