El hampa. Juegar a los dados entre drogas, armas, dinero y alcohol. Un mundo difícil de contener, una realidad complicada de mantener silente.Para poder al menos acceder a ella, rozarla, hay que convertirse en uno más. Implicarse hasta la médula sin dejarla por el camino. Ganarse el respeto de una gente que no aprecia la vida más que para salvaguardar su pellejo. Ante la mínima duda, no habrá amigos ni amantes. Pim, pum, fuera.
Un policia nada convencional. Y un novato. Para poder pasear con cierta impunidad por un barrio de negros quizás sea necesario serlo. O ganarse el respeto de los que allí mueven los dados. Aprender, en un día largo en el que habrá que decidirse: implicarse o salir.
En la vida uno puede optar por la tranquilidad y la ausencia de riesgos. Con pasar los días fichando mientras se ponen multas a coches mal estacionados, trabajo que nada aportará más que llenar las arcas del fondo común. O buscar un objetivo que pueda convertir al mundo en una realidad mejor. Utopías de valores totales que podrían cumplirse: un mundo sin drogas, sin suciedad, más puro.
Juventud, lucha. Es lo que mueve a ver, oír y callar. Ser espectador para poder ser actor de reparto. Pero nada es tan puro y neto como lo imaginamos. No hay blanco sin peaje. E incluso aquél que lucha por vencer la corrupción y el delito en un barrio abandonado a su suerte cae en las propias redes y se corrompe. Una deuda, un plan trazado a la perfección, un joven inexperto que caerá en la trampa de convertirse en cómplice...
Pero en este mundo de colores la amistad y lealtan son términos relativos. Y ni siquiera aquellos para los que el convincente Alonzo ha encontrado un hueco límite en la legalidad le defenderán cuando se encuentre ante su propia encrucijada. No hay lugar para camaraderías, un madero siempre será un madero.
DIRECTOR: Antoine Fugua
AÑO: 2001
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