Esta vez no haremos honor a eso de "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia". Más bien lo contrario. Una espléndida interpretación sin exageraciones ni ornamentos, directa y natural, matizada en el Harvey público capaz de contener y mostrarse serio, y el privado cuando puede tomar aliento, respirar y expresar un corazón abierto. Parecido y real, cuando conocemos al de carne y hueso y comparamos sus gestos.Quizás no será recordada por tratarse de una cinta excelente en sus formas, ni brillante en el guión. Probablemente pasará a la anécdota de muchos que no se sientan tocados de forma directa o indirecta por la temática, la homosexualidad como reivindicación personal. No obstante, supone todo un lema en nuestros días, cuando se supone que el mundo se mueve en el liberalismo y la tolerancia, aunque en su intimidad siga manteniendo viejas creencias, y nadando en sus propios prejuicios.
Porque, no nos engañemos. En esta especie de documental sobre la homosexualidad y su vida pública se esconde un homenaje a todos aquellos que tratan de vivir en su "rareza", intentando hacerse un hueco en el día a día que señala a los diferentes como enfermos, por mucho que la tolerancia generalizada se precie de haber logrado lo contrario.
Y es que la supuesta globalización nos ha convertido en seres aún más individualistas que antaño. Nos sorprende ver imágenes al estilo caza de brujas contra la comunidad homosexual y su expresión pública, pero no pocos dejan la sala con la sensación de haber presenciado una manifestación de hombres con mucha pluma que tratan de hacerse oir como colectivo, creando su propio geto. Mucho beso, mucha caricia pero con la sensación de hallarse en otra realidad alejada de la vida del vecino, o del propio hijo.
Tener representación, poder reclamar los propios derechos. Parece mentira que sigamos negando la capacidad de ser parte de un mundo dispar a sus propios habitantes, trivializando la enfermedad y ubicando en la degeneración a todo lo que no cuadra con nuestra propia idea de valor y virtud. Y no es necesario que viajemos en el tiempo para darnos cuenta que, lo narrado, sigue sucediendo en nuestros días. No es, ni mucho menos, agua de otro cauce.
DIRECTOR: Gus Van Sant
AÑO: 2008
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