domingo, 15 de febrero de 2009

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON (The curious case of Benjamin Button)

Emulando al poeta con sus instantes, y el detalle de todas aquellas experiencias con las que llenaría su vida si fuera capaz de dar marcha atrás y vivir de nuevo, Benjamin Button representa un homenaje a las edades como algo que esconde mucho más que un número, o el paso del tiempo.

Nacemos y morimos dependientes. En la infancia, como una tabla rasa, mente en blanco para impregnarse de todo lo que nos rodea. Una energía y vitalidad que, de viejos, cuando todo consiste en ir olvidando lo aprendido, en una acelerada marcha atrás, no ayuda a luchar contra lo inevitable.

No resulta desorbitado imaginarse la vida al revés. El reloj que nos permitiría alternar la jerarquía de las arrugas, y alcanzar la madurez con un organismo que pudiera saborear la vida con la misma intensidad que la mente.

Pero como el sueño eterno de inmortalidad, la juventud supone siempre ser espectador de la decadencia ajena, vivir como un ser distinto significa asumir la propia soledad (aunque quizás sin demasiada diferencia con todos nosotros, solitarios conviviendo en comunidad).

Bellísima puesta en escena; a menudo sumergirse durante unas horas en una especie de cuento de hadas con cierta dosis de realismo deja el buen sabor de boca de quien se reencuentra con ese niño interior capaz de dejarse sorprender por una historia más allá de todo raciocinio. No es fácil nacer con arrugas, y convertirse con el tiempo en un bebé sin noción del tiempo. Quizás niños y viejos no sean tan distintos, inocencias compartidas.

DIRECTOR: David Fincher
AÑO: 2008

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