lunes, 23 de febrero de 2009

EL LECTOR (The Reader)

La sorpresa de la jornada. A veces los trailers previos no hacen honor a la realidad. En ocasiones muestran demasiado (llegando a encontrarte en la butaca con la sensación de haber visto ya toda la película en dos minutos) y a veces por quedarse en la superficie sin mostrar hasta qué punto puede llegar a profundirzar una historia en algo más que la repetición de un argumento mil veces considerado.

Y es que en los tiempos que corren retomar el tema del nazismo parece recaer de nuevo en la moralina fácil del juicio y la condena. No obstante, es el cambio de perspectiva y la sobriedad con la que se roza la contradición personal la que convierten a la cinta en una pequeña joya para los que aman, por encima de todo, permitirse vestir la piel ajena por unos momentos, y tratar de comprenderla sin entrar en justificaciones eternas.

Muchas preguntas que quedan en el tintero al encenderse de nuevo las luces. Todos los porques que parecen sin respuesta, pero que pueden interpretarse a través de los gestos, de los actos de sus personajes. Cuando una sociedad juzga los actos pasado el tiempo y las circunstancias, cuando la facilidad de juzgar el acto ajeno desde un estrado, cuando uno no tiene que enfrentarse a la decisión puntual, rápida y a medida carente de perspectiva que todos tenemos en la tranquilidad de un sillón.

Como templos. Porque la verdad y la justicia están en nuestros días equiparadas a la legalidad. Juzgamos lo que se hace público, aquello que demuestra la barbarie pero no nuestra propia culpa. Y nada mejor que la evidencia para mostrar que la generalidad no exime la propia culpa. Poder salvarse a toda costa no significa perdonarse a uno mismo. Quizás por ello El Lector no muestra la evidencia, el analfabetismo como puerta abierta a la reducción de una condena. Porque tampoco ella busca ese perdón oficial que ni ella misma será capaz de darse nunca. Asume su carga, y él su culpa. Testigos directos de una barbarie que no podrá justificarse ni ante aquellos que no apretaron el gatillo, no cerraron las puertas, pero tampoco gritaron cuando se llevaron a los vecinos con los que había compartido veladas. Ojos que no ven, pero el corazón siempre siente.

Una sobria interpretación, sin caer en el victimismo ni en el extremo. Sin llantos desproporcionados ni sentamentalismos excesivos. En su justa medida, conteniendo una rabia que se cuela en cada poro de aquellos que nos convertimos en oyentes de literatura de ficción entre tantos muertos.

DIRECTOR: Stephen Daldry
AÑO: 2008

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