jueves, 12 de junio de 2008

RAIN MAN

Es habitual que con el paso del tiempo recordemos imágenes concretas de una película y se difumine más el argumento.

Los domingos, terminada la comida y el postre, tras retirar los platos de la mesa esta quedaba libre por un rato, abierta a ser usada de forma espontánea, sin la prisa habitual por retirar el mantel y colocar de nuevo el tapete bordado y el centro de cristal que la convertían en un lugar infranqueable.

Domingos de cine interrumpidos. Por anuncios, por escobas y mochos entre quejas. Quizás por ello los recuerdos del cine de infancia se resumen a escenas sueltas y sensaciones que aparecen en mi memoria, y que se relacionan espontáneamente.

De Rain Man sólo me acordaba de su inverosímil capacidad para los números y el recuerdo casi fotográfico de conversaciones y listines telefónicos. Tal vez por ese motivo, movida por descubrir de nuevo la historia de un hombre autista, hoy me he dejado envolver de nuevo por la leyenda.

Asombro. De mi propia capacidad de olvido, de abstracción en cuanto doy medio giro a mis recuerdos y aparece ante mi el reflejo de un pasado difuminado de experiencias.

Y uno se da cuenta de cómo suceden los días y a menudo nos olvidamos de aquello que nos rodea, de los pequeños detalles que convierten la existencia en algo hermoso. Más allá de negocios y ansias de poder y éxito, de ambiciones y luchas por elevar más el ego. Cómo suceden los momentos y en general seríamos incapaces de responder a las preguntas más sencillas, de la gente que nos envuelve y de su vida, incluso de nosotros mismos.

Hermanos... a veces tan cerca, a veces tan lejos. Y es que a menudo la distancia no es un plato que se mida en millas, sino en complicidades

DIRECTOR: Barry Levinson
AÑO: 1988

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