Hay circunstancias en la vida en las que, a priori, la seriedad se erige como premisa. Por normal general la comedia siempre ha sido un género menor en el cine, quedando grabadas en la retina imágenes para el recuerdo de dramas personales o historicos narrados en versión celuloide. La comedia entretiene, provoca un placer momentáneo y fugaz sin huella aparente, especie de pausa de la realidad de tonos gris pastel que nos rodea.Puede que, con una lentitud constante, la risa vaya pasando a formar parte de un recodo de nuestros días, cuando parece que cualquier pequeño suceso debe ser tomado cautelosamente, por miedo a herir susceptibilidades de género, raza, creencia, color o pensamiento.
Es por ello que, casi siempre, el prisma que ofrece la mirada irónica sobrevolando los momentos más trágicos de la vida puede suponer un soplo de aire fresco que nos recuerde que siempre hay dos formas de enfrentarse ante la adversidad. No hay sentimientos uniformes, no existe mejor forma de sortear obstáculos que la que a uno le permita verlos como una forma de crecimiento personal, como una experiencia necesaria para forjarse de un material más sólido. Reírse de la muerte es reírse de lo más esencial de uno mismo, del corto lapso de existencia del que disponemos y que a veces desperdiciamos.
DIRECTOR: Frank Oz
AÑO: 2007
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