A veces, antes de conocer el argumento, sólo la plantilla de actores pueden captar tu atención hacia una película. En esta ocasión, la atracción inicial menguó de repente cuando, esperando el inicio en el cine de otra película, entre otros muchos vi un trailer que me dejó un sabor de demagogia ya conocida, de historia de galones y banderas americanas ondeando bajo un discurso archiconocido y tópico de patriotismo encubierto.Luego te asomas al videoclub dejándote perder por la estantería de novedades y piensas que bueno, de acuerdo, a todo hay que darle una oportunidad, fíjate, si el director es Redford que ya ha hecho sus incursiones en el cine y alguna imagen de susurros a caballos o pescas en tumultosos ríos vitales ya han quedado en mi retina.
Y no sé decir hasta qué punto es arriesgado el mensaje crítico escondido tras las declaraciones que se suceden sin pausa y se intercalan unas con otras cuál si de monólogos se tratara a pesar de referirse a historias paralelas. Si las palabras construyen ideas , en esta ocasión serán los hechos los que constituyan el punto común entre las vidas de los que en teoría disponen del poder en la palma de sus manos, y los que podrán tener algún día la posibilidad de darle un giro al rumbo de los acontecimientos. Sin embargo, no son las reflexiones políticas las que orientan en definitiva los hechos; tras la voluntad hecha palabra de lucha por el cambio están el miedo, la comodidad, la pasividad del que se sabe estable dentro del caos del mundo y quedan aquellos que a su manera deciden convertir los poemas en caminos nuevos. Quizás su mayor homenaje sea la cita casi susurrada entre discursos: “En ningún lugar he visto a tales Leones conducidos por tales Corderos."
DIRECTOR: Robert Redford
AÑO: 2007
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