No sé muy bien el motivo... aunque en la mayoría de ocasiones no ando cuestionándome a mi misma las motivaciones que me llevan a dar unos u otros pasos. Pero siempre que veo una película con un matiz de rebeldía antisistema y una pizca de la aventura de lo desconocido despiertan en mí antiguos sueños, viejas pasiones de viajes y acciones humanitarias en las que me veo a mi misma con una sonrisa en los labios, a gusto.No creo que en el futuro recuerde esta película especialmente por su argumento, ni por su puesta en escena. Tampoco puedo decir que sea una trama original, ni una forma de presentarla de las que se quedan impregnadas en la retina para la posteridad. Sin embargo a veces ciertas imágenes nos evocan recuerdos, o nos invitan a desempolvar pensamientos arcaicos que los años, la cordura o el dejarse llevar han dejado en el trastero de la conciencia.
Veo imágenes de una mujer en mitad de África, paseando por calles trazadas con gravilla y marcas de huellas de los pies de los que las habitan. Por un momento parece que el transportarse a un lugar parecido pueda significar dejar de preocuparse por todo lo superfluo que nos acompaña, y que dibuja la monotonía de nuestros días. Quizás mi ansia de marcharme durante unos meses a uno de esos lugares, apartada de las luces de neón y sonidos polifónicos, no sea más que un deseo de encontrarme a mí misma, sin avatares ni influencias del día a día. A veces creo que tras el sueño juvenil de marcharme (en su origen a India, ahora supongo que tendría mayor variedad de destinos) se esconde un deseo de estar a solas con el mundo que me rodea, de poder mirar mi reflejo en la orilla de un río y saber lo que soy, lo que siento, lo que necesito.
La intención es la ayuda, aunque siempre he pensado que enrolarse en una acción aparentemente humanitaria siempre tiene un cierto matiz de egoísmo. En su día, para mí estar con niños discapacitados era no sólo un estímulo por la sensación de ayudarles en su día a día, sino la alegría al dejarles por haber compartido algo aparentemente exento de recompensas. No se da si no se recibe nada a cambio, y mi felicidad y sonrisas eran entonces el regalo. Me parece que, buscando salvar a la gente con dificultades, en el fondo sólo intentaría salvarme a mí misma. Aunque tampoco tengo claro qué conlleva saberlo, si debería ser menos lícita la acción por el hecho de ser compensada.
Pero la necesidad crece, aunque nunca se sepa cuál es el mejor momento. Debería ser una motivación más para vivir al pleno, levantarse y aprovechar las ansias de descubrir el vasto mundo que me rodea…u
AÑO: 2005
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