viernes, 22 de agosto de 2008

TODA LA VERDAD (High Crimes)

No es la primera ocasión en la que se plantea en una película la profundidad del conocimiento de aquellos que nos rodean. Más allá de experiencias morbosas, la realidad aproxima al dicho por el cuál todos poseemos una parte oculta que no mostramos a nadie más que a nosotros mismos. Como la luna.

Tampoco es original en cuanto a la propuesta del tema, descartando la inteligencia como un mérito gracias al cuál uno se encuentra indemne y protegido ante el engaño ajeno. Una abogada de éxito reconocido y una vida aparentemente feliz y exenta de todo riesgo y monotonía, el goce en plenitud ante la perplejidad de las rutinas ajenas repletas de luces y sombras.

Y menos aún supone una novedad la causa del engaño, basándose en la ceguera aparente que se le supone al amor, la confianza plena, la ausencia de malicia ante los gestos ajenos.

Cinta pasable que no pasará a los anales del cine, papeles sobrios con un tinte de moralina cuando a pesar de las evidencias uno trata de permanecer indiferente al engaño, como si fuera con otro para poder renacer de nuevo en la capacidad de creer en otras manos.

Y es que al final, no debes creer todo lo que te cuentan.

DIRECTOR: Carl Franklin
AÑO: 2002

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