sábado, 23 de mayo de 2009

SIETE ALMAS (Seven Pounds)

Hasta dónde le puede llevar a uno el remordimiento es algo insospechado. La culpa, la temible culpa, la que nos lleva a creernos el epicentro de una conjunción de factores que suponen un desenlace fatal. Un final que creemos pudimos ser capaces de cambiar, pero el descuido o la dejadez nos impidieron evitar.

Una carretera, una vida feliz con vistas al mar y una mujer que acaricia la vida. Una furgoneta, sentido contrario, las nuevas tecnologías, choque y adiós. Sangre, cuerpos tendidos en el asfalto, y la misma muerte con distintos ojos.

Siete vidas truncadas. Siete. Las mismas que el único superviviente, que desvió su mirada y su ruta, intentará recomponer de nuevo para perdonarse a sí mismo. Como si una vida de menos pudiera compensarse con alargar una vida algo más, o dotarla de los sentidos que carece.

Hígado, pulmones, médula, unos ojos, una casa donde empezar de nuevo. Se va despojando de todas sus pertenencias mientras se regala a otros en forma de porciones de sí mismo que ya poco le interesan. Hasta que llega el amor, pasión de los días que le lleva a pensar más en el otro, a hacer realidad pequeños detalles que le dibujen una sonrisa al corazón helado. Para, cuando llega el momento, regalar un latir que puede saber agridulce por el resto de sus días.

Original argumento... aunque peque de sensiblón en exceso en varios momentos, en los que unir causas y consecuencias, presente y pasado, resulta un ejercicio casi imposible y a menudo pastelón

DIRECTOR: Gabrielle Muccino
AÑO: 2008

miércoles, 20 de mayo de 2009

VALS CON BASHIR (Waltz with Bashir)

Junio de 1982. Fruto de los bombardeos en la zona norte de Israel, inflingidos desde el Líbano, el gobierno israelí optó por conquistar una zona de seguridad de unos 40 km para evitar que los misiles palestinos llegaran a Israel.

Pero la codicia siempre se adueña de las mentes menos adecuadas, y el ministro de defensa de Israel, Ariel Sharon, quiso ocupar el Líbano hasta llegar a Beirut. Así, su aliado cristiano, el comandante en jefe de la milicia falangista Bashir Gemayel podía convertirse en presidente del país, y evitar para siempre la amenaza palestina en la región norte.

Dos meses más tarde, con el ejército israelí a las puertas de Beirut, se firmó un tratado con los palestinos para que fueran evacuados a Túnez, a condición de que Israel retirara sus tropas. Bashir fue elegido presidente del Líbano, sinedo admirado no solo por las milicias cristianas, sino por los líderes israelitas. Pero poco después fue asesinado mientras daba un discurso en la sede falangista de Beirut.

No fue reivindicado, pero se atribuyó el atentado a facciones sirias y palestinas. De inmediato, las tropas israelía tomaron Beirut. Rodearon los campos de Sabra y Chatila, reductos palestinos, y se unieron a las tropas falangistas. Movidos por el deseo de vengar la muerte de su líder, entraron en los campos para limpiar el lugar de combatientes. No obstante, pocos quedaban allí tras su traslado a Túnez. Durante 3 días, masacraron a los habitantes del campo: mujeres, ancianos y niños. Ante la mirada pasiva de los que no participaron directamente, pero tampoco hicieron nada por evitarlo.

A pesar de las aparentes protestas de algunos militares israelíes, el gobierno hizo caso omiso de las alarmas hasta que se creó un comité de investigación que culpó a Sharon por su pasotismo al ser informado de la masacre. Dimitió, aunque años más tarde se convertiría en primer ministro...

Folma fue testigo de esa guerra. Aunque la memoria le hiciera recordar ese tiempo con una nebulosa irreal por su ausencia de recuerdos. La búsqueda de su propia historia le hace recrear momentos, buscándose a sí mismo en la memoria de aquellos que compartieron con él la experiencia de esos días. Un retrato del horror quizás demasiado condescendiente con los que hacen oídos sordos a lo que sucede en casa del vecino, y eximen su parte de responsabilidad por no haber sido conscientes de la realidad de unos gritos, de la barbarie que sucede a un palmo de las propias narices

Desgarradora... y a la vez con un tinte de demagogia echando demasiados balones fuera. Y es que las verdaderas víctimas se escriben entre los gritos desesperados de las mujeres que buscan a sus familiares en los escombros, y no en las lagunas mentales de los que vieron fusilar a inocentes en la distancia, y de su silencio se ennegreció su memoria.

DIRECTOR: Ari Folman
AÑO: 2008

martes, 19 de mayo de 2009

DOCE DEL PATÍBULO (The Dirty Docen)

Estando en el corredor de la muerte uno tiene opción de vivir los últimos días de su vida mirando al techo esperando el final, o jugando a ser dios en un mundo de hombres.

Tiempos de guerra. Y un puñado de malhechores sin mayor nexo de unión que un destino de rejas y horcas son escogidos para una misión peculiar. Formar un batallón especial con un objetivo concreto: terminar con la vida de burócratas nazis que se reunirán en un castillo para celebrar una velada conjunta.

Y al frente un coronel sin escrúpulos. O con la conciencia de que en la guerra son todos peones movidos por hilos invisibles, sin capacidad de opinión. Siempre hay ovejas negras, aunque a menudo eso signifique dar un toque distinto al devenir de las decisiones, juicios e ideas que parecen imperar en la mayoría. La negra es, a menudo, la disonante, la que ha logrado detenerse y pensar con un hilo de voz propio.

12 hombres y un destino. Lo fácil es sentarse a esperar el propio fin. Lo complicado, lograr motivar a cada uno para que el destino final se vea como un equipo, sin buscar heroicidades ni egocentrismos. Nada se logra si no es remando a la par. No hay salvación para uno sin el trabajo de todos.

Y al final quedaron 3. Habrá quien piense que el fracaso de la misión es cosa de números. Otros que apuesten por el final feliz del que ha añadido adrenalina a una muerte anunciada y pública, la del ojo por ojo cuando el mundo se queda ciego. Me quedo con los momentos de humor, la caricatura de un ejército del que no queda pie con cabeza, y las entrevistas de un psiquiatra destinado a valorar la idoneidad de los hombres que formaran el batallón.

Y es que entre tanto fanático, loco y desquiciado, no queda más que tranquilizarse. Al fin y al cabo: "No veo un modo mejor de luchar una guerra".

DIRECTOR: Robert Aldrich
AÑO: 1967

domingo, 17 de mayo de 2009

CHUNGKING EXPRESS (Chong king sen lin)

Con los créditos finales te preguntas si has sido espectador de una o dos cintas. Quizás porque de repente, sin previo aviso, aquello que parecía necesitar un vínculo de unión se dispara en direcciones completamente opuestas. Y ni el mostrador de un fast-food a lo oriental logran entablar cierto nexo entre ambas historias. Más allá de las relaciones siempre enigmáticas a las que el director nos tiene acostumbrados.

Se pueden buscar analogías. Hombre-mujer, dos desconocidos compartiendo por unos instantes vidas que parecen diametralmente opuestas. Gabardina y gafas de sol a pesar de la lluvia, disparos y drogas, un cargamento escondido en peluches, maletas y ropa que desaparecerá ante los ojos de esa misteriosa mujer cuyos ojos no llegaremos a ver. El mismo misterio que la envuelve será el abrazo seco en el que se resguarde He, un joven policía desengañado con una historia de amor que terminó sin un final feliz. Lágrimas que no se derraman pero se sudan, homenajes al amor caído que es a la vez idolatrado en forma de latas de piña en conserva a punto de caducar. Busca la recompensa a todo el daño tratando de capturar antiguos romances, de entrar de nuevo en las vidas de aquellos que olvidó. La noche y el cansancio abren la puerta a una nueva vida... ¿de amor? quien sabe. Lloró corriendo bajo la lluvia, y celebró su mitad de siglo con una felicitación inesperada de un ser al que jamás volverá a ver.

Negro. Música, nueva dependienta. Nuevo policía. Nuevo desengaño. La azafata que nunca regresó, que buscó otras tierras en las que asentarse. Y un hombre cuya aparente pasividad frente a los detalles roza la caricatura. Unas llaves, un adiós, y la atracción que se palpa en el aire. Movimiento, entre fogones y recibos de la luz pendientes de pagar. La necesidad de sentirnos parte de la vida ajena se manifiesta en multitud de variantes. Ella busca en el aire de su habitación los detalles que la hagan imprescindible, en el anonimato de las horas en que 633 no puede toparse con ella en la misma habitación. Pero un día se descubre, de repente se huelen los cambios, uno se acuerda del hombre que fue. Y la mano que se tiende como una puerta abierta se convierte en un vuelo hacia tierra firme. Para no pertenecer a nada ni a nadie. ¿Vienes conmigo? Pasa el tiempo, y California no es ya sólo un restaurante ni una región, sino una puerta abierta a la ilusión.

DIRECTOR: Wong Kar-Wai
AÑO: 1994

sábado, 16 de mayo de 2009

SÉRAPHINE

Se dice que el arte nace del desconsuelo interior. Del saberse despierto en los sentidos, y por ello solitario en el sentir, en la precepción del mundo.

Séraphine de Senlis vivió poseyendo sólo aquello que su cesta podía transportar. Y sin embargo, el sonido del viento que agita la hierba, de los árboles que susurran melodías, de las flores que nos regalan con fragancias y olores diversas, de los pájaros que cantan y entristecen como nosotros... todo eso lograba mudar su ánimo, pasar de la tristeza a la alegría, del desamparo a la esperanza. Abrazar a un árbol no es cosa de locos, más un cuerdo que ama lo que la naturaleza le brinda.

Tocada por la luz de un ángel. En una especie de fe ciega que le impulsa a crear aunque sólo ella sea espectadora de su arte. Es en este deambular solitario cuando un marchante, coleccionista de arte, descubre su genio y la saca del anonimato. Séraphine pinta en las noches tras ganarse el sustento limpiando casas, fregando suelos, preparando comidas que ella misma siente fuera del alcance de su mano. Pasea, siente, recolecta sus ingredientes secretos que saca de la tierra que la inspira para pintar. Y en la noche pinta y canta en la semioscuridad de su habitación. Ella, sus dedos a modo de pinceles, y el mundo que ve a través de sus ojos.

La guerra les separa, pero Séraphine sigue pintando animada por su voz interior. Los ángeles que serán a su vez motivo de su locura. Sus cuadros empiezan a ver la luz, interesan al mundo, y no obstante es ese mismo despertar a las masas el que la sume en su propia oscuridad. Perdida, su llanto desgarrador encerrada en un psiquiátrico marca el fin de sus días. Su mundo se ha derrumbado, y sólo logrará recobrar cierta paz en la soledad de su silla, bajo el árbol que le recuerda de dónde surgió.

DIRECTOR: Martin Provost
AÑO: 2008

LAS VACACIONES DE MR.BEAN (Mr Bean's holiday)

Mi recuerdo difuminado de algunas noches en Barcelona se pobla de series interrumpidas por larguísimas tandas de anuncios.

Hubo una época en la que me dedicaba a buscar motivos originales con los que forrar las carpetas de la escuela. No era amante de rellenar de fotos de actores en torso desnudo, ni de cantantes o habituales en los cartapacios de todas las adolescentes con la sensibilidad a flor de piel.

Quizás fue por ese interés propio en huir de la corriente. Pero cuando leí en un semanario dominical una entrevista a Rowan Atkinson, ilustrada con una serie de fotos en primer plano con expresiones diversas en su rostro se me encendió la luz: vas a ser su fan número uno. Y a eso me puse, tijera en mano, cola y papel de forrar.

A veces a pesar de lo simple del humor inglés, hay que homenajear a quien logra extraernos una sonrisa cuando todo lo demás suena a gris apocalíptico. Mi recuerdo del Bean de aquel entonces era el de la carcajada interior que desprendía a pesar de haber visto sus anecdóticos capítulos una y otra vez. Luego vino el tedio. O crecí y me fui vistiendo de mil prejuicios, e igual Mr Bean era ya demasiado básico y simplón para mi.

Luego le he visto de nuevo. Y nada recupera la inocencia de esa risa infantil pero sincera y espontánea de aquellos días. Creces, y esa especie de madurez que te envuelve te convierte en algo más complicado. Cuesta más hacernos reír con lo mundano. Por eso Bean rememora esos días, aunque su humor me siga quedando lejos, y me resulte cansino en exceso.

DIRECTOR: Steve Bendelack
AÑO: 2007

viernes, 15 de mayo de 2009

VALKIRIA

La historia de la Segunda Guerra Mundial podría considerarse, a nivel bibliográfico, una especie de Historia Interminable cargada de realismo.

Si pudiéramos idear un guión de cada anécdota, las salas de los cines estarían colmadas de novedades cada semana. La tierra de repente giró al mismo son, aunque fuera para aniquilarse, y cualquier rincón del planeta podía ser la cuna de una batalla, de una insurrección, de un intento de devolver al mundo su cordura.

La pasión de los locos por Wagner tiene cierto aire de erudición. Aunque a su vez abra las puertas a la demencia de unos hombres que llevaron sus pensamientos hasta extremos injustificables. No es la música que amansa las fieras, quizás las despierta, las aviva, las inspira.

A menudo al narrarse los hechos, la vergüenza ajena de los campos de exterminio, matanzas indiscriminadas, experimentos sin rigor, que se hicieron durante esos años nos hacen llevarnos las manos a la cabeza. ¿Qué sucede? ¿Es que acaso los alemanes no vieron el enorme error que estaban cometiendo? ¿Es que nadie tuvo un atisbo de humanidad para evitar el genocidio?

Siempre, en todo lugar, hay personas que logran abstraerse de la masa, y preguntarse por las consecuencias de sus actos aunque sean órdenes originadas por los altos cargos. Gente dispuesta a cambiar el rumbo de una sociedad que va a la deriva. Por ello, entre tanto film dedicado a hundir más la memoria de ese pueblo, el poder narrar los días en que Hitler pudo morir a manos de su propia gente también es un homenaje a los que vieron que se había eregido una estátua en nombre de un dios de los infiernos.

Edulcorada y nada impactante. Hombres que quieren ser parte de su pedazo de historia sin demasiada convicción, cuyo final anticipado es de sobra conocido. Hitler continuó imponiendo su dictadura varios meses hasta ser él mismo quien terminara con su vida. Quede la anécdota como un apunte de la historia, de aquellos que no quisieron entrar en el mismo saco de la alienación del nacismo.

DIRECTOR: Brian Singer
AÑO: 2008