viernes, 15 de mayo de 2009

VALKIRIA

La historia de la Segunda Guerra Mundial podría considerarse, a nivel bibliográfico, una especie de Historia Interminable cargada de realismo.

Si pudiéramos idear un guión de cada anécdota, las salas de los cines estarían colmadas de novedades cada semana. La tierra de repente giró al mismo son, aunque fuera para aniquilarse, y cualquier rincón del planeta podía ser la cuna de una batalla, de una insurrección, de un intento de devolver al mundo su cordura.

La pasión de los locos por Wagner tiene cierto aire de erudición. Aunque a su vez abra las puertas a la demencia de unos hombres que llevaron sus pensamientos hasta extremos injustificables. No es la música que amansa las fieras, quizás las despierta, las aviva, las inspira.

A menudo al narrarse los hechos, la vergüenza ajena de los campos de exterminio, matanzas indiscriminadas, experimentos sin rigor, que se hicieron durante esos años nos hacen llevarnos las manos a la cabeza. ¿Qué sucede? ¿Es que acaso los alemanes no vieron el enorme error que estaban cometiendo? ¿Es que nadie tuvo un atisbo de humanidad para evitar el genocidio?

Siempre, en todo lugar, hay personas que logran abstraerse de la masa, y preguntarse por las consecuencias de sus actos aunque sean órdenes originadas por los altos cargos. Gente dispuesta a cambiar el rumbo de una sociedad que va a la deriva. Por ello, entre tanto film dedicado a hundir más la memoria de ese pueblo, el poder narrar los días en que Hitler pudo morir a manos de su propia gente también es un homenaje a los que vieron que se había eregido una estátua en nombre de un dios de los infiernos.

Edulcorada y nada impactante. Hombres que quieren ser parte de su pedazo de historia sin demasiada convicción, cuyo final anticipado es de sobra conocido. Hitler continuó imponiendo su dictadura varios meses hasta ser él mismo quien terminara con su vida. Quede la anécdota como un apunte de la historia, de aquellos que no quisieron entrar en el mismo saco de la alienación del nacismo.

DIRECTOR: Brian Singer
AÑO: 2008

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