jueves, 27 de noviembre de 2008

TROYA (Troy)

Dejo por sentado que cualquier parecido con la realidad debe ser pura coincidencia. Pero no hay que negarle a este tipo de megaproducciones que el efecto es inmediato; el poder de la imagen, de la batalla bien enfocada, del toque sentimental adaptado a nuestros tiempos... hace que uno se olvide del tiempo, y por unas horas se crea un griego más tratando de vencer al resistente pueblo troyano. Y sude con los héroes de las novelas jamás leídas, y de repente recuerde nombres que habían pasado a un rincón del olvido de las enseñanzas infantiles (si es que las hubo, claro).

Siempre he pensado que cononcer la historia es un bien precioso. No obstante, el recuerdo de las interminables sesiones infantiles de fechas sin sentido, de nombres a memorizar y batallas que no servían más que para superar un examen basado en la memoria visual más que en comprender la realidad de una época, no me resulta nada placentero. Hay una gran responsabilidad en quien dedica su vida a enseñar al resto, y mi experiencia constata un hecho. Es mucho más efectivo lo que se aprende como parte de un juego, o mediante la reflexión, que la memoria sin fondo, las onomásticas o la filiación de la realeza si luego no sabe uno en qué momento ubicarlos, ni las gestas que se forjaron bajo sus nombres.

Sí, seguramente habrá mil lagunas, errores inmensos que serán la delicia de historiadores quisquillosos en busca de defectos... no obstante, me imagino a mis 12 años descubriendo Troya, Grecia, a Ulises, Príamo, París, Aquiles y leyendas de caballos y sirenas mediante una película, o un libro compartido, y me digo que quizás hubiera sido más provechoso que memorizar datos que, ahora, no sé situar en espacio y tiempo.

DIRECTOR: Wolfgang Petersen
AÑO: 2004

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