Existen muchas maneras de recordarnos que debemos cuidar de nuestro entorno antes de que éste se vuelva en nuestra contra.Vivimos días en los que abundan documentales sobre la desaparición casi inminente de los osos polares por el deshielo, o los efectos del calentamiento global, o el cambio de modelo de migración de las aves, la desertización de la selva, el cambio de la vegetación mundial... Quizás el efecto logrado, tras tanta reiteración y movimiento neoliberalista aparentemente altruista, sea el contrario al deseado y más que la conciencia mundial de estar jugando con el medio que nos posibilita respirar lo veamos más como un elemento de ciencia ficción, de novela secundaria de intriga sobre mundos que distan mucho de asemejarse al nuestro.
La idea de que sea la propia naturaleza la que determine su límite no es nueva. Los hay que piensan que los popularmente llamados "desastres naturales" no son más que formas de autolimitar el crecimiento exponencial de la población que el entorno advierte como amenazante para su supervivencia.
Por ello seguramente la propuesta suene a ya usada, aunque los términos varíen y el discurso sea sutilmente distinto. Ya lo decían los antiguos, "homo homini lupus" (el hombre es un lobo para el hombre), aunque en esta ocasión sea un lobo para sí mismo, destrucción egomaníaca por excelencia.
Y es que hay sucesos que siempre quedarán en el tintero, pendientes de una explicación que cuadre con nuestro concepto de realidad preformada... aunque tal vez la naturaleza tenga un proceder variable que escape a nuestro entendimiento
DIRECTOR: M. Night Shyamalan
AÑO: 2008
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