jueves, 11 de diciembre de 2008

VENGANZA (Revenge)

Con frecuencia he tenido la impresión de cierta misoginia en la caracterización de las mujeres que aparecen en sus películas. Luego terminas pensando que es tu personal susceptibilidad al tema la que te hace estar más alerta en cuanto al papel de la mujer en el cine, y su presencia como florero en multitud de ocasiones.

Pero más allá de todo eso sin lugar a dudas Hitchcock sería un perfecto elemento de análisis freudiano. Empezamos por el primer capítulo en el que aparece una mujer como protagonista, y no puede ser más que una lunática que llega a manipular al hombre que tiene a su lado.

Recién casada, bailarina profesional retirada momentáneamente por un ataque nervioso. Sola en casa, presa de un supuesto ataque por un viajante que intentó matarla pero al que no logra describir con detalle. Un marido enamorado, que no dudará en tomarse al pie de la letra aquello de "ojo por ojo" y, ante la supuesta identificación del agresor, de espaldas y en plena calle, le atizará una tanda de bastonazos en la cabeza hasta dejarlo cadáver.

Atonía, claro... porque instantes más tardes se repetirá, en otra calle cualquiera, el "es él" maldito que le hará caer en cuenta de su error. Y es que la locura se sirve en plato hondo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

ANGUSTIA (Breakdown)

¿Quien no ha imaginado o soñado en alguna ocasión que es enterrado vivo? Sin dudarlo, uno de los despertares que con más angustia recuerdo es siendo niña, cuando una noche cualquiera, pasé un tiempo indeterminado hundida bajo tierra en un ataúd de madera vieja, a oscuras y con la terrible sensación de que a pesar de andar despedazando el listón y poder cavar la tierra nunca sabría si lo haría en la dirección correcta... hacia la luz, o sumirme más en la profundidad.

Un magnate (sobrio Joseph Cotten) en vacaciones emprende el camino de regreso al hogar cuando es víctima de un accidente. Postrado en el coche, con los ojos semiabiertos, es tomado por muerto por todos los que se acercan al lugar. Incapaz de comunicarse con el exterior ni de moverse, somos testigos de su lenta agonía y desesperación al sentir la impotencia con la que es despojado de todo cuanto tiene. Un dedo en movimiento que será una herramienta inútil al principio por el ajetreo externo, y más tarde por la postura a pesar del silencio.

Será una lágrima, al final, la que delate el corazón que sigue latiendo... un final abierto, en el que poco importa lo que acontece luego (sobrevive? en qué estado? seguirá moviendo sólo un dedo?) más la angustia creciente de saberse vivo entre los muertos.

ALFRED HITCHCOCK PRESENTS...

Siendo ya un reputado cineasta, fue en 1955 cuando se convirtió en el introductor de una serie de historias de terror y misterio para la cadena de televisión estadounidense CBS.

Hitchcock dirigía y presentaba cada uno de los capítulos, con algún comentario sobre el crimen o irónico apunte acerca de la trama que se vería a continuación. Como colofón, la reaparición del director para dar el toque final con una reflexión casi siempre sarcástica sobre la moral de la historia (casi como si de un cuento se tratara, y hubiera que explicar al niño la moraleja de todo el argumento).

No tuve ocasión de verlo en su día, pero habrá que aprovechar esta especie de sed de recopilación de series de ayer y de hoy que andan publicando en dvd para sumergirse de nuevo en el blanco y negro del verdadero suspense.

lunes, 8 de diciembre de 2008

EL SARGENTO DE HIERRO (Heartbreak Ridge)

Cuando uno se acostumbra a tener una existencia apacible sin mayores sobresaltos siempre tiende a alejarse de cualquier muestra desenfrenada de pasión culminada con banderas. Se dice que no hay película hollywoodiense que se precie de serlo sin que aparezca en un u otro momento enarbolado el estandarte, las estrellitas sobre las barras rojas, una por cada nueva conquista.

Ya no resulta chocante encontrarse ante un pseudohomenaje a las fuerzas armadas... de sobra es sabido que constituyen una muestra del honor y la dignidad humanas en tierras de ultramar. A las nuevas generaciones, de manos lisas y virtualidad constante, el tinte verdoso camuflaje del rostro nos evoca escenas de películas más que la realidad de un campo de batalla. Enclenques, endebles y cobardes como un conjunto ante los ojos de los que tuvieron que lanzar granadas al viento sin mayor fin que salvarse a sí mismos en pos de un objetivo conjunto.

No obstante, siempre reconforta encontrarse con una visión con cierto toque de humor negro que termine siendo a la vez homenaje y sátira. Si la experiencia de un hombre en el combate debe servir para algo, que sea más bien para motivar al resto aunque no sea la propia vida el mejor modelo a seguir (o que lance la primera piedra...).

Anclado en el pasado, poblado de medallas que recuerdan los tiempos de gloria, el sargento regresa al lugar que le vio crecer quizás impulsado por cerrar el círculo justo antes de ser retirado de su cargo. Mujeres, cervezas, honor extremo, que se mezclan con el pasotismo de aquellos que conformarán su última gran misión. Un escuadrón de reconocimiento que se irá configurando lentamente, buscando razones que les impulsen a seguir defendiendo aquellos valores por los cuales se supone que combaten. De la nada al todo, como si por una herencia se dejara, antes de dedicarse a uno mismo, un puñado de niños que supieron convertirse en hombres.

Más allá de la victoria, del sabor a veneración de los antiguos combatientes, de la recepción con honores de los que regresan del campo de batalla, siempre nos quedará ese paseo como desenlace... de un hombre ya desapegado de su presente, sin más futuro que un paseo tranquilo, ni siquiera de la mano, sino junto con otros pasos, al mismo ritmo.

DIRECTOR: Clint Eastwood
AÑO: 1986

APPALOOSA

Con este elenco de actores -me repito- algo bueno tiene que salir. Además, un western con tintes modernos siempre termina siendo un acierto, aunque sólo sea intentando venerar a los grandes.

Pero aquí el objetivo se diluye en un intento infructífero de mezclar lo añejo con lo nuevo. Y quizás sea un elenco pero la sobriedad aparente de los vaqueros se vuelve exasperante con la superficialidad de silencios, conversaciones alargadas hasta el empalago, sentimentalismos a caballo entre la edad media y el futuro, lucha por unos valores que se hallan inubicables en el tiempo.

Un vaquero que se hace el dueño de un poblado acosado por el miedo. Un compañero tan rápido a la carga como su mentor, pero sin embargo carente de lo más importante para ser el dueño del oeste: apatía. El torpe en el lenguaje pero implacable a quemarropa que se complementa a la perfección con el pseudopoeta que quizás vacile en el disparo. Y la mujer, nadando entre tres aguas, cautivadora desde su inicio, las cartas sobre la mesa y el mejor postor, que puede cambiar igual que veleta al viento. Amarse a uno mismo significa entonces amar el poder, la codicia que queda ajena a todo.

Y el malo. Porque en todo western que se precie tiene que existir el villano y el indio, aunque ambos sean casi circunstanciales y uno termine pensando si no habrán sido anexionados al argumento casi a trompicones. Apaches que unen a los enemigos para despistarlos. Villano que es la ficha que desestabiliza al resto. Hoy mato, mañana cambio la estrategia construyendo un local donde camelar al pueblo sin disparos para que me dé de forma voluntaria aquello que antes tenía a tiros. Y de paso, le robo la novia al sheriff, y ya la liamos gorda.

¿Una moraleja? Quién sabe, casi sería apología al "ojo por ojo", o confesarse a uno mismo que, para lograr una relativa paz en el ambiente, a veces hay que lanzar la ley fuera del alcance de la vista y tomar partido, evitando causas mayores... algo socialmente incorrecto, en los tiempos que corren.

DIRECTOR: Ed Harris
AÑO: 2008

viernes, 5 de diciembre de 2008

GENTE CORRIENTE (Ordinary People)

Hay quien se empeña en vivir acorde a un prototipo, emulando una perfección innata que se le supone constante. En ocasiones, mostrar un reflejo indestructible, ajeno a cualquier altibajo, no deja de ser una forma de protegerse ante la incertidumbre, a tener que descubrirse a sí mismo con luces y sombras.

Tu vida cambia sin buscarlo, en un abrir y cerrar de ojos lo que se planifica a la perfección sin riesgos ni posibilidad de derrota puede dar un vuelco de 180 grados y convertirse en el talón de Aquiles que rija la vida a partir de entonces. Una muerte y la culpa, ese fardo eterno que en ocasiones cargamos sin saberlo, o demasiado conscientes de ello, arrinconamos en un lugar semiperdido de nuestra memoria, mientras va minando por dentro, siguiendo su curso completamente ajeno a nuestros vanos intentos por acallarlos.

Cuando sentir implica la risa y el llanto, y no sólo el sentimiento hermoso de los momentos agradables. Vivir implica saber de la muerte, reir conlleva un ápice de llanto, la esperanza supone siempre un recoveco de pesimismo. El hombre se siente responsable de todo aquello que acontence a su alrededor, aunque sea a la par consciente de que siempre quedarán preguntas sin responder, situaciones que quedan fuera del alcance de las manos ya no sólo el vivirlas, sino la capacidad de modificarlas. Hay senderas infranqueables, gente que se esconde en el olvido para hacer más transitable el camino, gente que trata de ahuyentar a los propios fantasmas, gente que intenta tender lazos para no terminar de perderse... es sencillo vivir sobre un camino de pétalos, más complicado resulta hacer frente a los percances tratando de seguir siendo todos uno.

Y es que, en realidad, no hay nada más complejo que perdonarse a sí mismo

DIRECTOR: Robert Redford
AÑO: 1980

miércoles, 3 de diciembre de 2008

DULCE PÁJARO DE JUVENTUD (Sweet Bird of Youth)

Se habla siempre de la ambición como motor que mueve el mundo. Al conformista se le tilda rápidamente de endeble en convicciones, como si tener claro el lugar que uno quiere ocupar en este planeta fuera predecidido de un galón ordenado por categorías.

Cierto es que la juventud se escapa de las manos como arena del desierto. Y hay vidas que se construyen a sabiendas de que los cimientos son tan frágiles e inestables que cualquier pequeño temblor puede derribarlos. Hay bienes perecederos, la piel tersa se reblandece con el paso del tiempo (bisturís aparte), la perfección del gesto adquiere un matiz torpe cuando uno tiene que observar el pie derecho antes de mover el izquierdo, un cuerpo atlético galopante se vuelve corcel al trote cuando ya el vigor forma parte del recuerdo.

Sin embargo hay partes de uno mismo que superan el inevitable paso de los años que impregnan como cicatrices la piel. Y no es que la experiencia sea un punto a favor, sino que en ocasiones hay que ahondar en uno mismo para descubrir los motivos, elevarlos cómo eslogan y brindar por el futuro. Si se adornan luego con fama, con poder, con gloria, que sean sólo compañeros y no pilares, para no perderse entre caricaturas tratando de descubrir quien es el yo reflejado en el espejo o el yo social, el que actúa pensando en ser visto, el que canjea aplausos para creer en sí mismo.

Y es que al final de todo, en esos momentos inevitables en los que uno se dedica a hacer las cuentas consigo mismo, podamos desempolvar las telarañas de lo superfluo y descubrir la verdadera riqueza escondida tras tantos velos.

DIRECTOR: Richard Brooks
AÑO: 1962